En un café céntrico de Cárdenas, el jefe estatal de Protección Civil Roberto López, representantes de la 30 zona militar y el jefe local de la unidad municipal William López, acuerdan tardíamente, como van a entrar a los poblados del Plan Chontalpa más afectados con inundaciones; a esa hora cuando casi es la una de la tarde en el poblado C-16 ya ha sido habilitado un albergue hasta donde la gente del C–15 llegó como pudo.
El casino social que no es otra cosa que una galera techada que a través de la malla superior deja colar el frío. Decenas de hombres y mujeres hacinados tratan de secar sus ropas, en el suelo sucio, algunas mujeres han colocado cartones en los que descansan los bebés. Son familias completas que salieron durante la madrugada y mañana del lunes 2 de noviembre de sus viviendas anegadas en el poblado C–15.
El temor aun se refleja en las facciones de las mujeres y los niños; lo mas que pudieron sacar fueron algunas cobijas, los afortunados salvaron algunos pavos y gallinas y a estos animalitos también les han habilitado una pileta seca como corral.
Organizados por Rubén Alcudia, delegado del C–16, algunos vecinos compasivos han empezado a acarrear con ropa seca y alimentos para darlos a los refugiados.
El representante comunitario no oculta la sensación de alivio que le produce la llegada de un convoy del Ejército mexicano; oficialmente ha sido activado el Plan DN III y aunque los militares no traen cobijas ni colchonetas, al menos cargan con un tanque de gas y una vieja parrilla que enseguida es instalada para preparar los alimentos de la tarde.
La presencia de algunos reporteros en el albergue inquieta a los militares, que sin perder de vista a los fotógrafos continúan con su labor de instalar el asador de gas; las mujeres, en cambio aprovechan la presencia de los comunicadores para informar que han perdido lo poco que tenían, que no hubo ayuda, que salieron como pudieron, que una compañía encargada de limpiar el dren principal tuvo la culpa al no terminar los trabajos y que este día 2 de noviembre, día de muertos ha sido el peor en muchos años.
“Todos perdimos, nadie pudo sacar nada, la inundación fue cosa de 15 minutos, es la historia de siempre, pero cuando menos ya estamos en lo seco y llego el Ejército y eso me tranquiliza” dice una joven mujer que trata de mantener a tres pequeños en calma. Y agrega que lo peor aun viene pues sabe que se perdieron las cosechas y mucho ganado en el poblado.
/amc
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