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El edificio del jardín de niños parecía una isla. A media mañana del Día de Muertos, se oyó el chapoteo, y en seguida, la voz de una mujer que señalaba hacia el patio. Frente a la dirección del jardín de niños “Rosario Gallegos”, en la Colonia Pueblo Nuevo, la tesorera de la institución, sostenía un pizarrón. “Día de todos los santos”, se leía en la esquina superior izquierda de lo que parecía un periódico mural, donde la imagen de la muerte aparecía entre el agua, con instrumentos musicales, bailando, en medio de una mañana silenciosa, gris, en que la lluvia se detuvo después de un par de días con un saldo de por lo menos “cuatro mil quinientas familias damnificadas” en la región de la Chontalpa.
A pocos metros de este jardín de niños, trabajadores y maestros del plantel Conalep observaban el edificio sumergido. “Tenga cuidado con las nahuyacas”, le advirtió una mujer al reportero, cuando intentaba atravesar la cancha de basketbol con el agua a las rodillas. En esta institución, no se reportan daños materiales, informaba el director, Miguel Angel Martínez, quien esperaba allí, con los trabajadores, a que bajara el nivel del agua, mientras el cielo continuaba gris, amenazante.
El panorama era idéntico, en la escuela Primaria Justo Sierra, ubicada en la Ranchería El Bajío, Primera Sección.
-Es la tercera vez que se inunda la escuela-, decía la directora del plantel, María Teresa Martínez Frausto, junto a un periódico mural titulado paradójicamente “El navegante”.
-El año pasado-, agrega la maestra-, “las clases se suspendieron quince días, hasta que vino personal de Sapaet”.
El problema, ayer, en el Bajío Primera, se complicaba por el taponamiento de los drenes. En algunos puntos, había basura acumulada. En otros, sencillamente están bloqueadas las alcantarillas. Cerca del medio día, los habitantes de este sector afrontaban prácticamente solos, sin ayuda de nadie, los efectos de las últimas lluvias.
Junto a la carretera que conduce hacia el CBTIS 93, un grupo de afectados por la inundación explicaban el problema a los reporteros. El agua permanecía allí, estancada, por el taponamiento de la alcantarilla. Uno de ellos apuntó hacia el agua turbia y aseguró, como si nada, que “allí vive hasta un lagarto. Aquí se crió”.
Y como una paradoja, sobre el muro exterior de la escuela primaria Justo Sierra, en el Bajío Primera, en una placa con los logotipos de una institución bancaria, la SEP, y el Gobierno del Estado, se anuncia: “Escuela re- equipada con mobiliario después de la inundación del 2007”. Y más abajo: “no hay fuerza que pueda contra la voluntad de salir adelante”. Eso dicen.
/amc
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