Una de las imágenes más impresionantes que recuerdo de la inundación del año 2007, ocurrió en la Colonia Municipal, de Villahermosa, después de que bajaron las aguas. Frente a una casa de la calle Aureliano Colorado, estaba una señora que vestía una playera impresa con el logotipo de una agrupación religiosa. A esas alturas, ya se había resignado a la desgracia. En las calles, había montañas de basura recubiertas de cal, además de muebles y aparatos electrodomésticos, mientras aquella mujer hacía labores de limpieza. Prácticamente no le agregué una coma a sus palabras, que incluí en un capítulo de mi segunda novela:”Yo encontré camarones pegados a la pared, me aseguró una mujer frente a su casa en la calle Aureliano Colorado, en la Colonia Municipal, y maldecía a esos peces diablo, o plecostomus, de la familia de los loricáridos, que quien sabe cómo llegaron desde Brasil hasta los ríos de Tabasco”. No practico ninguna religión, pero la historia reciente del estado, me recuerda a lo descrito en el libro de Éxodo, según el cual, Jehová mandó una serie de plagas a los territorios del Faraón para que liberara a su pueblo. A los egipcios, les envió la plaga de sangre, de langostas, la plaga en el ganado, la plaga de úlceras, de ranas, mientras acá, pasamos por la inundación y ahora estamos en la plaga de moscos. En algunos lugares del edén tropical, padecemos también la plaga de serpientes –que no son precisamente como la vara de Aarón, que se hizo culebra, descrita en el capítulo siete del libro de Éxodo, sino más venenosas-, y de unos días para acá, concretamente desde el día 18 de octubre, se desató una plaga de grillos. Andan por todas partes, sin dormir, “porque si se duermen se los comen los gusanos” –y como dice Sabines-, “no pueden hacer más, no saben…” |